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¿Por qué el EGO no confía en la vida?

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Partamos del concepto de ego entendido como, la percepción que construimos a lo largo de la vida y que define quiénes somos en relación con el mundo que nos rodea.

El EGO no es bueno ni malo, es un elemento que nos permite identificarnos en este mundo. Lo complejo es cuando nos sobre identificamos con esta percepción y creemos que somos sólo eso.

Si entendemos al ego como el sistema de creencias que tenemos, como la identidad que consideramos ser, pues su forma de actuar es bajo el control (una creencia más) y de esta manera actúa en base a referencias, parámetros, a lo ya conocido.

Confiar en la vida significaría reconocer que todo es perfecto tal y como es, sin juicios, sin cuestionamientos, vivir en la plena certeza que lo que se manifiesta en la vida es que lo tiene que ser vivido y experimentado.

En ese sentido, el ego no confía en la vida, porque de hacerlo no tendría cabida en ella. La esencia y el corazón serían los protagonistas. Viviríamos en la aceptación total de lo que acontece, sin dolor ni sufrimiento.

Es importante considerar que todos tenemos EGO. Sin embargo, si no somos conscientes de él nos puede hacer creer que somos superiores a alguien, nos puedo poner en un rol de salvador, salvadora o en el sacrificio, confundiéndolo con amor, creer que controlamos las situaciones o la vida. Vivir sumergidos en el dolor y desconsuelo. Caer en su trampa es muy sencillo, el ego siempre quiere tener la razón, porque eso le da permanencia.

Cuando cultivamos una vida más consciente y con mayor sentido, le prestamos atención al ego no para darle más fuerza sino para ser observadores de lo que ocurre, de lo que nuestro personaje nos está contando.

En ese sentido, para mantener al EGO en su lugar, trabaja en tu gratitud, la crítica y la humildad:

La Gratitud: Considera que practicar la gratitud nos ayuda a centrar nuestra atención en lo que tenemos en lugar de lo que nos falta. Al reconocer y apreciar las bendiciones en nuestra vida, disminuimos la necesidad de compararnos con los demás. La gratitud nos conecta con un sentido más profundo de satisfacción y nos recuerda que el valor personal no se mide por logros externos, sino por el amor y la conexión que cultivamos.

La Crítica: Tanto la que recibimos como la que emitimos, puede ser un espejo de nuestro propio ego. Al recibir críticas, en lugar de reaccionar defensivamente, podemos verlas como oportunidades de crecimiento y aprendizaje. Del mismo modo, al criticar a otros, reflexionemos sobre nuestras propias inseguridades. La empatía y la comprensión nos permiten ver más allá de nuestras proyecciones y fomentan relaciones más sanas y auténticas.

La Humildad: Nos enseña que no somos superiores ni inferiores a los demás. Al reconocer nuestras limitaciones y la interconexión con otros, aprendemos a valorar los aportes de cada individuo. El ser humildes nos mantiene abiertos al aprendizaje y nos recuerda que el ego se alimenta de la comparación y el juicio. Al cultivar una actitud de servicio y apoyo hacia los demás, fortalecemos nuestra autenticidad y reducimos la influencia del ego en nuestras decisiones.

Recuerda que vivir una vida en plenitud y con mayor bienestar es posible para ti y para todos.

Un abrazo, Maribel.